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Entrevista a Agustina González, docente e investigadora de Trabajo Social

“Las mujeres asumen ese rol de cuidado y de asistencia siempre, también en lo comunitario, porque el género es transversal a todas las temáticas de la sociedad”

 

Por Julio Longa, Andrea Romero y Damián Ierace

Agustina González es graduada y docente investigadora de la UNAJ. Participa del Proyecto “Trabajo Social, territorio y perspectiva de géneros. Estudio acerca de las estrategias de intervención territorial de referentes de organizaciones sociales de base abarcando contexto de pandemia. El caso de Villa Itatí durante el periodo 2018-2020” dirigido por el coordinador de la carrera de Trabajo Social, Astor Massetti.

El proyecto propone conocer las estrategias de intervención de referentes de Villa Itatí haciendo foco en la potencia de la perspectiva de géneros sobre la intervención territorial, con el objetivo de aportar al campo disciplinar del Trabajo Social a partir de las experiencias de la vida cotidiana.

 

 

¿Cómo fue la iniciativa para este trabajo de investigación?

Somos un equipo de docentes, entre las que nos encontramos dos egresadas, la mayoría trabajadoras y trabajadores sociales que empezamos a pensar y trabajar en cuestiones relacionadas con la territorialidad. Comenzamos con un proyecto UNAJ Vincula en el mismo barrio, centrado en los derechos de los niños y niñas, y luego a pensar en las organizaciones sociales y, principalmente, en las mujeres de estas organizaciones porque entendemos que tienen un trabajo de asistencia para mejorar las condiciones de vida de las personas. Nos llamó la atención que en las primeras entrevistas nos encontramos siempre con mujeres a cargo de los lugares.

¿Qué característica encontraron en este rol protagónico de las mujeres?

Esto lo analizamos en función del rol de cuidado de las mujeres de otros, de niños, niñas, adultos, personas mayores, e inclusive el cuidado de la casa. Las mujeres asumen ese rol de cuidado y de asistencia siempre, también en lo comunitario, porque el género es transversal a todas las temáticas de la sociedad.

¿Cómo definieron ir a trabajar a Villa Itatí y cómo se profundizó este rol que mencionan de las mujeres durante la pandemia?

Yo me especializo en la temática de género y no me parece irreal esta opresión que sufrimos las mujeres del trabajo no remunerado, no reconocido en nuestras casas de tareas de cuidado se reproducción. En ese sentido es que siempre hablamos de esta doble jornada laboral, porque las mujeres trabajamos por fuera de nuestras viviendas y cuando volvemos a nuestros hogares, también tenemos que ejercer las tareas de cuidado. Y nos parecía interesante pensar que la mayoría de las organizaciones sociales tienen que ver con la relación que generan con el Estado y en estas relaciones y en los espacios de poder encontramos a varones. Pero cuando vamos a la realidad y a los espacios de ejercicio de estas relaciones encontramos mujeres. Entonces nos preguntamos ¿qué pasa ahí?

Elegimos trabajar en Villa Itatí porque es un territorio en el que la mayoría de equipo ya tenía experiencias en algunas organizaciones por distintos trabajos previos y porque también es un barrio que es clara expresión de la organización popular. Es una de las villas más importantes de Argentina y que fue construida a partir de la urbanización que fueron a vivir ahí. Y elegimos la experiencia a partir de la pandemia porque entendemos que las organizaciones sociales durante la pandemia tomaron un rol central de asistencia alimentaria, a las familias, de prevención y del cuidado comunitario.

Durante el aislamiento nos solíamos mover por el barrio, el territorio y ahí las organizaciones sociales cumplieron un rol fundamental, porque pasado un tiempo del aislamiento, empezaba a trabajarse un aislamiento comunitario. Villa Itatí está muy cercana a Villa Azul que durante la pandemia estuvo cerrado por la cantidad de casos de COVID-19.

Además, los casos de violencia tuvieron un crecimiento exponencial porque la mujer se veía encerrada con su agresor. Aumentaron las llamadas al 144, de intervenciones de los espacios de género de las instituciones, pero como trabajan en un determinado horario, la realidad es que las que más cercanas a estas personas están son las organizaciones sociales, las pueden acompañar más en el día a día. Y también pueden estar atentas a las situaciones de urgencia que, a veces, ocurren los fines de semana o madrugada. Ahí trabaja lo comunitario, en el cuidado y la salida real de las violencias.

Durante nuestra investigación vimos que las mujeres pueden debatir situaciones que se dan en lo cotidiano y que se ven ellas mismas reflejadas en las mismas compañeras, además de comenzar a pensar en estrategias sobre cómo salir de esas situaciones y cómo acompañarse. También que tienen formas muy concretas de auto organizarse, con charlas, encontrarse en otras. Nos dimos cuenta que tenían herramientas que, para nosotros, trabajadoras y trabajadores sociales, son importantes.

Sobre esta construcción de conocimiento que hicieron en base a las voces de estas referentes ¿cómo fue el trabajo?

Durante la pandemia trabajamos más con lo teórico, nos juntamos a través del zoom. Esa parte de estar cara a cara con las protagonistas no lo podíamos hacer porque estábamos en aislamiento y muchas personas que viven en ese barrio no tienen acceso a internet, o a una computadora o un celular, entonces se dificultaba.

Un poco la impronta de la universidad tiene que ver con trabajar con la comunidad, con el territorio. Me parece interesante pensar, al menos en la carrera de Trabajo Social y en tareas afines a nuestra profesión, que trabajamos problemáticas de nuestra sociedad que acompañamos como profesionales, ¿qué mejor que trabajar con la gente que lo vive todos los días? Abrirse a reconocer sus conocimientos es muy interesante y es una impronta de nuestra universidad, la de escuchar a las personas con las que trabajamos.

¿Con qué organizaciones estuvieron trabajando?

Las organizaciones en Villa Itatí son muchísimas. Nosotras tomamos 5 organizaciones que eran con las que más afinidad teníamos. Son organizaciones más de tipo comunitarias; vecinos y vecinas que, al ver alguna problemática en el barrio, comenzaron a organizarse y hoy en día ya están constituidas.

La principal problemática que tiene Villa Itatí es la pobreza estructural y la cuestión alimentaria, entonces la mayoría de las organizaciones están pensadas en ese sentido. Luego surgió la cuestión de género en alguna de ellas, sobre todo a partir del hito de 2015 del Ni una menos. Las mujeres comienzan a contar sus situaciones, sus experiencias de vida y se van encontrando con otras compañeras y a darse cuenta que no es una problemática individual sino social.

¿Cómo continúa la investigación?

Hemos hecho entrevistas, observación participante y ahora estamos en una etapa de análisis y construcción a partir de toda la información que nos aportó ese trabajo previo. Y también elaborando las primeras conclusiones que son muy positivas.

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