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Cuerpo y mente. Nuestra salud en pandemia


Por Andrea Romero

Nadie es ajeno al impacto que ha tenido la pandemia y el periodo de aislamiento en nuestras vidas. Cansancio, ansiedad, irritabilidad, insomnio, fallas en la concentración, indecisión y deterioro en el rendimiento académico y laboral, sobrecarga emocional, sobrepeso, contracturas musculares son algunas de las expresiones que dan cuenta de ello. Pasados ya ocho meses desde la disposición del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) y con medidas de prevención y distanciamiento social en marcha, cabe preguntarse ¿cómo encaramos la nueva normalidad?.

En un estudio realizado en nuestro país, 60% de la muestra presentó síntomas de ansiedad y depresión, además de irritabilidad e insomnio. También el aumento de peso, dolores musculares y articulares, producto de los cambios de hábitos y dinámicas,  son síntomas del impacto en nuestro cuerpo. Reestructurar la vida social en un entorno más condicionado tuvo y tiene consecuencias que experimentamos día a día.

Tras el anuncio de una nueva etapa de  distanciamiento social preventivo y obligatorio (DISPO) que rige en la Ciudad de Buenos Aires y 35 partidos del conurbano bonaerense ¿Cómo nos adecuamos a la nueva normalidad?

La nueva etapa habilita más actividades sociales, permite la vuelta al trabajo presencial en ciertos casos y amplía el uso del transporte público, con los protocoles sanitarios establecidos. No obstante, con la idea de seguir evitando focos de contagio, se mantiene la prohibición de la “práctica de cualquier deporte en lugares cerrados donde participen más de diez personas o que no permita mantener el distanciamiento mínimo de metros entre los y las participantes” y aún existen varias actividades con restricciones.

¿Qué podemos hacer para adaptarnos?. Eugenia Pollini es coordinadora de la Licenciatura en Kinesiología y Fisiatría de la UNAJ y sostiene que es necesario que tomemos responsabilidad respecto al cuidado de nuestro cuerpo, para poder sobrellevar esta nueva normalidad. “Hacer ejercicios de elongación, tomar conciencia corporal, flexibilizarnos lo más que podamos  para que el sedentarismo nos dañe lo menos posible” son algunas de las pautas que debemos incorporar para atenuar los efectos del teletrabajo y las extensas jornadas expuestos a las pantallas.

Otro punto importante es tomar responsabilidad respecto de la alimentación, que sea “lo más sana posible” ya que
“ en este momento es complicado ir a los hospitales, consultorios, y el perfil de las enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes, la obesidad, las patologías psiquiátricas, las reumatológicas, no se pueden disparar” señala.

“No podemos seguir engordando producto de la nueva normalidad. Tenemos que movernos, tenemos que activarnos. Es cierto que hay gente que no sabe estar en la casa. Hay que desarrollar nuevas habilidades y aceptar la situación tal cual es” enfatiza Pollini.

¿Sabemos cuidarnos? 

El Grupo de trabajo Envejecimiento Saludable y Demencias, dependiente de la Unidad Ejecutora Neurociencias y Sistemas Complejos (ENyS) realizó un estudio para evaluar en nuestra comunidad  la asociación entre el nivel de miedo y la adhesión a las medidas de protección propuestas por el Gobierno Nacional en diferentes grupos etarios de la Provincia de Buenos Aires.

A partir de una encuesta destinada a  jóvenes, adultos y adultos mayores de diversas regiones del AMBA, la idea es relevar y comparar la respuesta de miedo frente a la situación de peligro, y evaluar la percepción del tipo de miedo y grado (miedo a contagiarse, a contagiar, a perder los recursos, al aislamiento); comparar la adhesión a  conductas de cuidado con el nivel de miedo en sujetos mayores; y analizar el impacto emocional en los diferentes grupos etarios.

“Nuestra hipótesis es que pese a que los sujetos mayores son más vulnerables al COVID-19, muestran menores o iguales niveles de miedo que el resto de los rangos etarios. Sus conductas de cuidado no varían significativamente y se exponen al contagio de igual forma que los jóvenes o adultos”, señalan desde el grupo de investigación que al momento se encuentran procesando los datos.

Las consideraciones preliminares de los datos indican que tanto jóvenes como adultos presentan similar miedo general. Sí hay diferencias en miedo al contagio y al aislamiento: los adultos puntúan más alto. Los jóvenes presentaron mayores puntajes en escalas de estrés y miedo a perder el trabajo. Los adultos por otra parte presentaron mayores puntajes en medidas de protección.  En tanto, los adultos mayores tienen mayores niveles de miedo general, mayor  miedo al contagio, se cuidan más y tienen menores niveles de estrés.

Según los datos actuales, la edad avanzada constituye un factor de riesgo asociado a la letalidad del COVID-19 . En nuestra región la tasa de letalidad en personas mayores de 60 años es del 10,5%.

Las investigaciones indican que el aislamiento se asocia con cansancio, ansiedad, irritabilidad, insomnio, fallas en la concentración, indecisión y deterioro en el rendimiento académico y laboral . Otros datos indican presencia de depresión, estrés postraumático , exhaustividad emocional y bajo estado de ánimo.

Conciencia corporal y manejo de las emociones

Por otra parte, el uso excesivo de las pantallas hace que se provoquen trastornos músculo esqueléticos, estrés, fatiga visual y física. “La imposibilidad de salir a realizar actividad física al principio de la pandemia para que no haya más contagios,  produjo que se agraven las patologías crónicas, psiquiátricas, las osteomusculares, las oncológicas, las reumatológicas. Fue muy complicado porque trae más angustia, más ansiedad, y la falta de actividad física hace que hayamos aumentado de peso. Por eso es tan importante el manejo de las emociones, aceptar la realidad tal cual es, cosa que nunca nadie nos enseña”, señala en la misma línea Eugenia Pollini.

“Desde la carrera de Kinesiología y Fisiatría de la UNAJ siempre promulgamos desarrollar la conciencia corporal respecto del uso de las pantallas o cuando estamos en posturas estáticas; ver si estamos o no bien sentados, sentadas, si tenemos o no dolor, si puedo o no seguir, si necesito hacer una pausa, tomar agua, alimentarme bien, mejor. Me tengo que mover en el lugar para que los músculos se estiren, haciendo ejercicios de elongación y para que no haya estatismo postural y sedentarismo, para que los líquidos del cuerpo se muevan, evitando edemas, que son inflamaciones innecesarias.

La vida ha cambiado, la nueva normalidad ya es un hecho. El horizonte que se nos plantea requiere que encontremos, quizás, diversos modos de cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente, y que incorporemos otras maneras de habitar el nuevo mundo.”

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